• Imagen 1 LA CAPACIDAD PARA PERDONAR: CRECER
    Decía Mahatma Gandhi, el famoso pensador pacifista indio, que "las personas débiles nunca podrán perdonar, ya que la capacidad de perdonar es un atributo de las personas fuertes". Pero, ¿qué es perdonar?
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Ejemplos de clientes utilizando Fortalezas Personales

Con distintos clientes, hemos logrado potenciar Fortalezas Personales y capacidades, aprendiendo además sobre emociones positivas como el Saboreo, Gratitud, Orgullo… Estas son algunas de las (muchas) habilidades, destrezas y nuevas perspectivas que hemos ido aprendido.


A.L. ha aplicado varias de sus Fortalezas Personales a distintas actividades de Saboreo:
emocs AL
J.M. ha logrado en 4 semanas ser un auténtico experto en nombrar sus distintas emociones positivas:
emocs JM

J. ha logrado preocuparse de una forma constructiva y lograr atender plenamente a las actividades que realiza:
emocs Jv
M. ha conectado, y sigue haciéndolo, actividades sociales que le hacen sentirse más conectada al mundo:
emocs ML
V. logra con éxito mostrar mayor perseverancia ante tareas difíciles sabiendo que una de sus Fortalezas Personales se lo permite:
emocs VC
J. ha compartido con nosotros una habilidad que él describe extraordinariamente como:
emocsJv

Dos métodos para decrementar preocupaciones en ejercicios de Saboreo.




¿Qué es una preocupación en el sentido clínico?


La preocupación se basa en un pensamiento repetitivo (Chambers et al., 2008) y frecuente sobre uno mismo y su mundo (Segerstrom et al., 2003) que puede producir respuestas no adaptativas como ansiedad o disfunción inmune (Segerstrom et al, 1998; Watkins, 2008).




En los sucesos diarios de nuestra vida existen un conjunto de demandas, de responsabilidades y de incentivos sociales que componen el mundo que habitamos. Estas obligaciones diarias son de necesario cumplimiento y de fundamental importancia, y no existen en nuestro interior “interruptores de encendido o apagado” de metas ordinarias que podamos manipular. Tampoco es necesario que existan, ya que no es menester interrumpir o impedir la ocurrencia de preocupaciones sobre problemas y cuestiones de la vida ordinaria. Sí es fundamental comprender, sin embargo, que los recursos atencionales propios suponen una serie de recursos finitos; recursos que pueden gestionarse para optimizar la experiencia emocional (Linville y Fischer, 1991). En este sentido, una preocupación supone una secuencia negativa de pensamientos ciertamente incontrolables (Borkovec, 1994) cuyo contenido fundamental se basa en problemas de presión cotidiana, que actúa como verdadero antagonista de la capacidad de saboreo. ¿Por qué? Las preocupaciones se caracterizan por colmar la capacidad de atención, y por ello van a reducir la habilidad personal para el saboreo de experiencias agradables cotidianas.



Primer método: Planificación de unos minutos al día para las preocupaciones: tiempo diario para la preocupación constructiva.

Se ha demostrado que las personas que son capaces de generar anticipaciones de cambios placenteros en su estado emocional (que persiguen una motivación basada en conseguir un éxito) mientras realizan una tarea desafiante experimentan afectos positivos y satisfacción, además de mejorar su ejecución al resolver tareas. Y, al contrario: personas que, al realizar tareas desafiantes y con cierta incertidumbre, anticipan cambios displacenteros en su estado de ánimo (persiguen una motivación basada en evitar el fracaso) experimentan preocupaciones tras ello, además de empeorar su ejecución al realizar esa tarea desafiante (Bjørnebekk, Gjesme y Ulriksen, 2011).

Se propone este ejercicio para planificar un tiempo al día, breve, reservado para la proposición de soluciones para los problemas diarios que existan; un tiempo al día de preocupación constructiva, que, una vez cumplido, liberará recursos del foco atencional, permitiendo dedicarlos a actividades de saboreo, por ejemplo. Se propone un horario personalizado, planteando primero un ejemplo de horario para la preocupación constructiva (como: “diez minutos al día, desde las cinco y media de la tarde hasta las seis menos veinte”). Es fundamental que:

  • Cuando finalice el tiempo establecido de preocupación constructiva, hayamos llegado o no a una solución, se acabó el tiempo de las preocupaciones.

  • Los siguientes minutos serán para hacer lo que queramos, pero no para preocuparnos.





Segundo método: elección racional y comprensión de la inutilidad de las preocupaciones.


La demostración más idónea de la inutilidad de una preocupación excesiva puede visualizarse reflexionado con la mayor profundidad posible sobre las siguientes cuestiones. Es muy interesante realizar el ejercicio individual de contestar a estas cuestiones de forma escrita, detallando experiencias personales.

¿Cuánto más se preocupa uno por algo, mejor va a solucionarlo?,
¿Pensar en un problema previene su ocurrencia?,
¿No saber qué puede ocurrir (tolerancia a la incertidumbre) es algo normal? ¿Le ocurre a todo el mundo?,
Preocuparnos activa nuestro organismo: ¿es esto algo útil siempre?
Al experimentar preocupación, ¿he afrontado antes ese problema?


Este breve debate va a permitir concluir que la preocupación sobre catástrofes remotamente posibles que puedan venir no nos previene contra nada; al contrario.
Una segunda forma de motivar el abandono de preocupaciones rumiantes es proponer la elección racional que sugiere Ellis (Ellis, 1999). Así, se puede plantear la necesidad de tomar una elección racional:

Si uno quiere experimentar bienestar con su vida y su existencia, entonces uno debe conducir toda su atención, su energía y su compromiso personal a perseguir ese bienestar, y no dedicar su atención a preocupaciones sobre posibles catástrofes; catástrofes que, además, la preocupación no sirve para prevenir.

Sol

Como describe Margarita Tarragona, el final del invierno y el comienzo de la primavera otorga la oportunidad de disfrutar más de nuestro medio, de nuestras calles y de nuestra ciudad. Que el clima sea más agradable y más soleado y nuestro entorno sea más estimulante de recorrer no implica, como sabemos, ser automáticamente más feliz, pero si facilita bastante la tarea de esforzarse en serlo.


Empieza la primavera, y la posibilidad de atender más plenamente a actividades que con la lluvia y el frío no podíamos practicar: emplear una conciencia y una atención plena y completa sobre los nuevos estímulos que vienen con esta nueva estación no sólo resulta en experimentar sentimientos agradables. Además, y con mayor importancia, tal y como han demostrado Daniel Evans y Suzanne Segerstrom, va a significar en nosotros vivir un menor número de pensamientos de preocupación y un mayor número de pensamientos repetitivos positivos: es decir, a saber aprender a disfrutar de lo que vivimos sin darle demasiadas vueltas, pensando menos y sintiendo más.

En este sentido, existen varias formas y ejercicios prácticos que podemos poner en práctica para saborear más lo que vivimos; es decir, para ser capaces de no sólo de encontrar aún más disfrute en las experiencias cotidianas, sino además permitir que esos sucesos agradables que vivimos diaria o semanalmente impregnen más en nosotros, conformen mayor parte de nuestra forma de ser y nuestro estado de ánimo.

Uno de estos ejercicios prácticos se basa en escribir sobre una de esas experiencias diarias agradables que acontecen; escribir sobre ella, deteniéndose no sólo describir los detalles de esa situación, sino además en detallar nuestras propias emociones: cuáles tuvieron lugar, cómo fuero, cuál fue su intensidad, etc.

Algunos de los (muchos) beneficios de realizar una escritura narrativa sobre eventos agradables, como parte del saboreo de experiencias, son los siguientes:

Experiencias de los integrantes del taller: saboreo


"Me gusta estar tranquila; mientras como, el paladar es muy especial, para comer, también los líquidos; ocupa un lugar y un espacio primordial".

Experiencias de los integrantes del taller: Pablo y el placer de trabajar.


"Para mí, el hecho de haberme reencontrado con el mundo laboral me realiza plenamente.
Todos los días, inevitablemente, después de mi jornada, en la que me he sentido muy bien realizando las actividades que me asignaron y me reconforta el saber que he hecho lo posible para mejorar y desempeñar mis funciones de forma eficaz y competente, me detengo unos minutos, al aroma de una taza de café, y revivo todo lo que ello me ha reportado, como por ejemplo bienestar, satisfacción por un trabajo que sé bien hecho, sensación de sentirme útil, aumento de mi autoestima..., en definitiva un sinfín de motivaciones placenteras que no dudo en saborear día tras día".

Hoy: el ejercicio de "las vacaciones diarias"

Os recordamos un ejercicio dedicada a aumentar el disfrute que sintamos en actividades cotidianas, de todo el día. Es el ejercicio de las vacaciones diarias, un ejercicio propuesto por Bryant y Veroff en un libro estupendo, y sus pasos son:

1. Primer paso: elegir unos minutos al día

Elegimos unos minutos al día, durante una semana, durante los cuales pasaremos un tiempo haciendo algo que encontremos agradable, disfrutable, durante al menos 20 minutos. Esta actividad puede ser: ir a dar un paseo, sentarse con tranquilidad en un parque o lugar agradable, leer un libro, regalarnos un café o un té, salir a comer por ahí de menú, visitar un museo o una galería de arte, ir al cine, darnos una ducha o un baño relajante, pasar tiempo con un amigo, mirar una puesta de sol o un amanecer: la actividad que nosotros elijamos. Esfuérzate en ser creativo en encontrar fuentes y motivos de disfrute, y esfuérzate, cuando las hayas encontrado, en saborearlas. Este ejercicio funciona mejor si no usamos la misma actividad todos los días, si buscamos una serie de actividades diferentes

2. Segundo paso: vivir sin juzgar.

Antes de empezar cada “minutos al día de vacaciones”, asegúrate de aplicar los ejercicios que vimos en el anterior taller para dejar a un lado, un rato, nuestras preocupaciones y obligaciones, y asegúrate también de que mientras realices la actividad no suceda nada que te distraiga. Acuérdate de no valorar ni juzgar mientras haces la actividad, son simplemente ver las cosas como si fueran la primera vez que ocurren y en concéntrate en lo que estás sintiendo en ese momento y en esa situación.

3. Tercer paso: construir un recuerdo emocional.

Mientras estás realizando la actividad, intenta darte cuenta y memorizar cada estímulo, cada cosa agradable que percibas, y además cada sensación que encuentras agradable. Identifica tus emociones agradables y nómbralas, en palabras, mentalmente o en voz baja. Se trata de que construyas activamente un recuerdo de las sensaciones y de las cosas asociadas a esas sensaciones: cierra los ojos, deja que tus emociones y sensaciones floten dentro de ti. Al final de esos minutos (por ejemplo, si estamos en el sábado) planifica qué actividad harás al día siguiente (por ejemplo, el domingo) y comienza a planificarla. Antes de irte a dormir, recuerda a propósito la actividad agradable que realizaste y rememora las emociones agradables, los sentimientos positivos, que saboreaste.

Cuarto paso: contraste hedónico.

Al finalizar la semana, tras haber realizado 7 actividades agradables, intenta recordar cuáles fueron esas actividades de cada día, e intenta volver a sentir aquellas emociones y sensaciones que tuviste en cada una. Requiere un esfuerzo… ¡pero se puede conseguir! Compara cómo te sentiste durante aquellas actividades y cómo te sientes ahora con cómo te sueles sentir normalmente durante una semana cotidiana y típica de tu vida.

Y recuerda:


Compartir con otros: Consiste en compartir con otras personas el momento y contarles lo que significa la experiencia. Para experimentar más disfrute y obtener un alto efecto desde una experiencia positiva se puede compartir el momento disfrutado con otros. Comunicando ésta logramos que se haga “más real". 


      Guardarlo en memoria: Esta técnica busca establecer recuerdos a modo de fotografías mentales del momento o llevarse objetos del lugar para después rememorar. Aprovechar lo máximo de una experiencia agradable supone llevarnos algo de ella con nosotros: así, de antemano planearemos que nos llevaremos algo de esa situación, y de esta manera nos podremos concentrar en el momento y saborearlo.

      Autoelogio: Consiste en aceptar el orgullo y recordar el tiempo que se ha esperado para que el suceso ocurra. No des por hecho cualquier cumplido ni cualquier éxito. Siéntete orgulloso por lo que logras, a veces es bueno “darse un golpecito en la espalda, de felicitación, a uno mismo” tras haber hecho algo bien.